El parto como rito de pasaje

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Dra. María Elena Ramognini
Antropóloga social

Los ritos de pasaje(1) constituyen uno de los temas centrales de la antropología clásica y de la antropología simbólica. Entre ellos el nacimiento ha sido objeto de interés especialmente en el aspecto relacionado con los simbolismos, los tabúes y los mitos que lo rodean. 

Los rituales constituyen el modo práctico y simbólico de ordenar el mundo social y garantizar su reproducción. Por este motivo el ritual del nacimiento resulta emblemático: en él se superponen tanto la reproducción física como la reproducción social, lo que transforma al parto en un rito de pasaje privilegiado para entender cómo funciona una sociedad determinada, como circula el poder y cómo se organizan las diferencias sexuales. 

Si bien encontramos diferentes enfoques teóricos en el campo de la antropología de la reproducción, todos ellos coinciden en comprender el proceso de embarazo, parto y puerperio como un proceso sociocultural que interpreta e interpela la fisiología. Como señala Davis Floyd (1993) los modos de interpretar los procesos reproductivos expresan una continuidad con la idea de mundo vigente en cada sociedad y en cada época.

Las investigaciones realizadas desde esta corriente antropológica argumentan y demuestran que la reproducción y especialmente el parto, constituye un significante inmerso en relaciones sociales heterogéneas y determinado por las condiciones históricas, culturales y materiales. La importancia de estas investigaciones radica en la visibilización de la relación entre parto y sociedad, especialmente en el mundo urbano, contemporáneo y civilizado. Se revela a partir de ellas el carácter construido del cuerpo, de la sexualidad y del nacimiento y el papel central que juega el rito del parto medicalizado en estas construcciones. De este modo, la antropología de la reproducción introdujo la posibilidad de mirar la propia sociedad de los antropólogos/as y revelar la no neutralidad de las representaciones y prácticas de la ciencia, especialmente en el campo de la obstetricia.

Fotografía: Camila Lavandeira, Evangelina Spoto, Gabriela Lerner

El análisis de los procesos de internalización es propuesto por Davis-Floyd (1992) en el “Nacimiento como rito de pasaje americano”. El trabajo de Davis-Floyd se centra en el proceso por el cual se construyen las ideologías relacionadas con el nacimiento. Descubre que las creencias y prácticas dominantes en torno al nacimiento se basan en el «modelo tecnocrático» de la realidad, heredado de la revolución industrial y científica, que interpreta al mundo y a la naturaleza como homólogos de la máquina. Pero Davis-Floyd avanza un paso más al demostrar que muchas de las prácticas obstétricas rutinarias en los nacimientos en Los Estados Unidos no tienen fundamento científico sino que se trata exclusivamente de actos rituales, es decir de carácter eminentemente simbólico, cuya finalidad es reafirmar el modelo tecnocrático, jerárquico y androcéntrico dominante en el modelado de cuerpos y subjetividades. 

Rituales, marcas de género y jerarquías

La antropología de la reproducción permitió descubrir los aspectos ritualizados que permanecen ocultas tras la naturalización de las prácticas. Uno de los nudos temáticos centrales en este campo interpretativo es la presencia de marcas o cortes sobre los cuerpos. 

Valeria Fornes (2009) nos invita a pensar las prácticas cortantes sobre los cuerpos gestantes y las interpreta como violencia naturalizada e invisibilizada de género. Se revela entonces que una de las prácticas más discutidas y vigentes, la episiotomía carece de fundamentos científicos y está desaconsejada como rutina desde fines de los años 80 por los organismos internacionales de salud (OMS/OPS)

La episiotomía(2) es una práctica quirúrgica que conlleva riesgos y secuelas, por lo que algunos autores la han calificado como la “mutilación genital de occidente” (Wagner, 2002 citado en Fornes, 2009:6) y por lo tanto puede caracterizarse como violencia de género en tanto su realización rutinaria constituye una práctica de crueldad específicamente dirigida hacia las mujeres. Además de la episiotomía, la cesárea conforma otro procedimiento de corte ritual que se inscribe sobre los cuerpos gestantes como “marca de género” (Fornes, 2009:9)

Fotografía: Camila Lavandeira, Evangelina Spoto, Gabriela Lerner

Un aspecto para subrayar es la relación de correspondencia que establece Valeria Fornes (2011) entre las prácticas -rutinas y ritos- obstétricas y la posición conferida a la mujer en tanto que iniciada ritual. En este esquema de acción se inscriben las prácticas junto a los significados: el rasurado pélvico remite a la infantilización; la silla de ruedas a la incapacidad; la camilla para el trabajo de parto a la enfermedad; el despojo al aislamiento; la posición horizontal a la sujeción-sumisión y los cortes -Episiotomía y Cesárea- a las marcas de género.

Siguiendo en la línea de las etnografías sobre partos, Hernández Garre, J. Manuel y Echevarría Pérez, Paloma (2015) analizan el ritual del nacimiento hospitalario en España. El ritual de nacimiento en un contexto hospitalario e intervencionista se presenta como una auténtica «ceremonia quirúrgica» (Menéndez, 1990; Citado en Hernández Garre, y Echevarría Pérez, P. 2015) en la cual la iniciada acepta y se somete voluntariamente a una serie de rituales, de purificación que incluyen sangre, dolor y cicatrices, como así también restricciones y prohibiciones o tabúes en torno a los vestidos, los alimentos, el agua y los movimientos. Se trata, pues, de un auténtico rito de iniciación que en el caso de este texto se ha presentado en una estructura tripartita: separación, margen y agregación (Hernández Garre, y Echevarría Pérez, 2015:405-406). 

El parto institucional se sucede así como una “liturgia medicalizada” en la que los procedimientos rituales se ocultan bajo la naturalización de sus prácticas y todo el proceso se encamina hacia el objetivo de lograr un nacimiento sin mayores daños que los ya previstos (Hernández Garre, J.M y Echevarría Pérez, P. 2015:422).

Como hecho social, el parto es un dispositivo que refleja relaciones de poder, cosmovisiones sobre sexualidad, cuerpos y naturaleza, contacto con lo sagrado y lo profano, ritualidades, pasaje de un estado a otro, un portal de ingreso a la vida en una sociedad determinada. 

Tanto en el caso de la atención “medicalizada/intervencionista” como en el polo de la atención “respetada/humanizada/fisiológica”, el parto constituye uno de los ritos de pasaje más emblemáticos de la humanidad. Lo que vamos a analizar es cómo se significa y experimenta en cada modelo esa ritualidad y cómo el abordaje “científico” no está por fuera de lo simbólico, ni de la creación de rituales singulares.  

Fotografía: Camila Lavandeira, Evangelina Spoto, Gabriela Lerner

El modelo medicalizado es el resultado de la historia de la tecnificación del cuerpo y de la vida. Un modelo que hunde sus raíces en el renacimiento europeo y cuya consolidación está integrada al surgimiento de la anatomopolítica y el biopoder como los describe Michel Foucault (1992). No es un evento científico, objetivo e inocuo, sino un evento de control social, un dispositivo biopolítico que transforma el nacimiento en una enfermedad o patología que debe ser intervenida, controlada y dirigida. En el imaginario global contemporáneo la forma de nacer que predomina es la del parto institucional como evento de riesgo y la intervención médica como el único medio de controlar riesgos y  mortalidad. En este imaginario las mujeres crecemos y vivimos con temor al parto porque este es sinónimo de  dolor, castigo, destino inevitable y muerte. Si estamos en trance de parir o hemos parido, nos  responsabilizan e inculpan por lo que pudiera pasar si nos salimos del sistema. En un contexto social en el que no se conoce otro modo de partir que no sea bajo control médico y en instituciones habilitadas para ello, el cuerpo es entregado a la escena sacrificial sin mediaciones.

Por otra parte, el modelo de parto humanizado se fundamenta en evidencia científica, en la diversidad cultural y de saberes ancestrales sobre el nacimiento. El movimiento por el parto humanizado permite visibilizar a la violencia obstétrica como una de las formas más negadas y naturalizadas de la violencia de género. Esa violencia en la que se entronca el patriarcado neolítico del “parirás con dolor” con el patriarcado de la modernidad tecnocientífica.

Rita Segato (2003) nos enseña que la inferiorización de lo femenino constituye la “estructura elemental” de todas las violencias. Desde este enfoque la violencia obstétrica debe ser interpretada como un elemento estructural del ritual del parto medicalizado y por lo tanto indisociable de éste. Así, la violencia obstétrica en nuestras sociedades tecno-capitalistas constituye el eje de un sistema social que necesita garantizar la inferioridad de las mujeres y diversidades, de los pueblos y de la naturaleza para garantizar su explotación, para que aceptemos como inevitable la necropolítica del extractivismo. Siguiendo con el planteo de Rita Segato, esta violencia se desplaza en dos ejes: uno vertical dirigido a cada cuerpo en particular y uno horizontal que se instala como mensaje inconsciente para toda la sociedad. En el eje vertical se producen los cortes, las marcas sobre el cuerpo. En el horizontal, el paradigma del terror que nos ocasiona desconocer nuestra sexualidad y su potencia. Entre ambos ejes se escribe un contrato de enajenación y dependencia, que incluye castigos ejemplares para quienes se animen a desafiar a las autoridades en el tema.

La violencia gineco-obstétrica es una herramienta fundamental del poder cuyas finalidades didáctico-pedagógicas son tanto la alienación de nuestros cuerpos como la insensibilización a un orden social basado en la crueldad y la deshumanización.

¿Qué elementos rituales podemos reconocer en nuestras propias experiencias de violencia gineco-obstétricas? 


(1) El concepto de Rito de Pasaje fue desarrollado por Arnold Van Gennep en 1909 para entender la interpretación ritual de los cambios de estado vinculados tanto a las diferentes etapas vitales (nacimiento, adultez, matrimonio, muerte) como a los cambios estacionales y los ciclos productivos. A partir de 1960 será uno de los conceptos centrales en los marcos interpretativos de la Antropología Simbólica, representada por Víctor Turner, Edmund Leach y Mary Douglas.


(2) Corte realizado en el periné para facilitar el pasaje de la cabeza en el parto y con el objetivo de prevenir desgarros. Su aplicación rutinaria es muy cuestionada por los riesgos que implica y las secuelas que produce.


Bibliografía

Davis-Floyd, Robbie (1992) Birth as An American Rite of Passage, Robbie Davis-Floyd. Berkeley: Univ. of California Press.

Davis-Floyd, Robbie (1993) “The technocratic model of birth”. En: Tower Hollis, Susan et al (ed.) Feminist Theory in the Study of Folklore. U. of Illinois Press, pp. 297-326.

Fornes, Valeria Lucía (2009). Cuerpos, cicatrices y poder: Una mirada antropológica sobre la violencia de género en el parto. Actas 1º Congreso Interdisciplinario sobre Género y Sociedad. Debates y prácticas en torno a las Violencias de género. Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba.

Fornes, Valeria (2011) Parirás con poder, pero en tu casa, en Felitti, Karina (comp) Madre no hay una sola, Experiencias de Maternidad en la Argentina. Ediciones Ciccus. Buenos Aires. Pag.133-155

Foucault, Michel (1978/1992) Genealogía del Racismo. Undécima Conferencia. Ediciones La Piqueta Madrid. 

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